Spanish: Las Tres Culturas de España

Z’ev ben Shimon Halevi

España es un país especialmente interesante desde el punto de vista de las tradiciones espirituales de occidente: el Judaísmo, el Islam y el Cristianismo. Pero primero veamos este territorio en la era que antecedió a la Época de Oro Española.

La península Ibérica es muy montañosa, casi aislada del resto de Europa por los Pirineos, pero con proximidad al África. Durante la Edad de Hielo la península fue ocupada por pobladores prehistóricos que realizaron extraordinarias pinturas de la gente, del bisonte y otros animales dentro de las cuevas de Altamira. Después de ellos llegaron los vascos, quienes hablaban una lengua distinta a la indoeuropea. Ambos grupos pueden haber venido desde África, que en esa época estaba unida con España por el estrecho de Gibraltar.

Alrededor del año 1500 a.c. los celtas llegaron a Europa central y se expandieron por Francia, Inglaterra y España. Ellos, junto con los vascos, llegaron a ser llamados ibéricos. Culturalmente hablando no eran una civilización todavía. Este término define el nivel de una sociedad basada en una ciudad, a diferencia de las comunidades agrícolas o dedicadas a la caza. Los fenicios llegaron del Medio Oriente alrededor del año 1000 a.c. y establecieron puestos de intercambio comercial, seguidos por los cartagineses, los griegos y más tarde por los romanos, quienes ocuparon y colonizaron el territorio. Según relata una antigua tradición, junto con los fenicios aparecieron los judíos. La mayoría de ellos fueron traídos como prisioneros de guerra y esclavos y algunos también como exiliados debido a la destrucción del estado judío en los primeros siglos de la Era Común. Con el tiempo llegaron a ser parte de la población general viviendo y trabajando como iguales en todos los niveles.

Bajo el dominio romano, España pasó de ser un territorio de tribus bárbaras a una provincia bien organizada, unificada en municipios, caminos y leyes romanas, con una economía rica y con un alto nivel cultural. Las lenguas nativas mezcladas con el latín dieron lugar a un latín vulgar que más tarde se convierte en el español. A pesar de los intentos de la Iglesia Católica por convertir y aislar a los judíos, había paz y prosperidad.

Gradualmente, el Imperio Romano fue perdiendo fuerza y decayó, entonces, las tribus bárbaras germánicas se extendieron a través de las fronteras de Europa Central y dominaron el continente en el año 300 d.c. aproximadamente. Los vándalos invadieron Iberia, seguidos por otras tribus. Establecieron un gobierno opresivo en Andalucía. Los visigodos, como eran llamados los germánicos, se convirtieron en la elite gobernante de una población resentida. Esta mutua fricción fue incrementada por la Iglesia Católica que consideraba herética a la visión goda del Cristianismo. Fue sólo cuando uno de los reyes se convirtió al rito latino que su reinado fue aceptado, pero con renuencia; sin embargo, la persecución de los judíos continuó.

Los godos seleccionaban al rey por medio de elecciones, no por línea consanguínea, lo que significaba una lucha continua por el poder entre los nobles. Esto creó una situación inestable en la cual la política era dominada por disputas personales. La situación se volvió crítica cuando uno de los reyes violó a la hija de uno de sus gobernantes del norte de África y éste para vengarse, invita a los moros del Islam a perpetrar un ataque como castigo. Los musulmanes se dieron cuenta que la aristocracia de los godos estaba desunida y decidieron tomar toda la península. Fueron ayudados por los judíos quienes no sólo les abrieron las puertas de la ciudad, sino que también sitiaron y administraron las zonas ocupadas, mientras que los musulmanes presionaban hacia el territorio francés. Por este servicio fueron concedidos a los judíos muchos privilegios que no eran otorgados a sus perseguidores cristianos.

En un tiempo el 7 porciento de la población del Imperio Romano era judía. Tenían propiedades, tierras y practicaban todas las profesiones, hasta que fueron restringidos por las autoridades cristianizadas a la usura y al comercio menor. Las operaciones bancarias estaban prohibidas a la Iglesia. Bajo el dominio de los moros, los judíos florecieron en una libertad relativa y llegaron a ser una clase media muy útil para el gobierno árabe. De esa manera fueron nuevamente parte integral de una nueva civilización cosmopolita. Así fue como España llegó a ser la morada de tres tradiciones espirituales.

El impacto que tuvo el Islam fue dramático. Trajo consigo la cultura del mundo antiguo, incorporado por los musulmanes durante la conquista de los pueblos orientales y de habla griega. Muchas ideas, técnicas y objetos olvidados o desconocidos por Occidente fueron introducidos a España. La música, la arquitectura, la astronomía, así como la química, las matemáticas y la medicina fueron estudiadas, cuando un siglo antes había predominado una cultura bárbara. El árabe se convirtió en el idioma vernáculo, aunque el español-latino se seguía hablando en los hogares cristianos. Sin embargo, muchos católicos se convirtieron al Islamismo por conveniencia, para evitar los impuestos y aprovecharse de la situación, ya que ningún cristiano podía escalar el estatus de la gran sociedad musulmana, excepto como soldado.

Los judíos no eran considerados potencialmente hostiles. Muchos gobernantes musulmanes preferían tener consejeros judíos en los que podían confiar, ya que la competencia entre las tribus árabes era mortal y los judíos, que eran neutrales, podían ser eliminados con impunidad si fallaban. De esta delicada postura salieron un número importante de consejeros, doctores y hasta generales judíos que protegían y promovían los intereses de su comunidad.

Bajo los moros, España se volvió la luz de la civilización en una Europa que se encontraba en las tinieblas. El intercambio con el Medio Oriente se estableció y la economía se desarrolló bajo la fuerte influencia de los pobladores musulmanes y judíos. La cultura floreció. Esto se dio porque los gobernantes islámicos querían que la corte del Califato Occidental fuera brillante y mejor aún que aquella en Oriente, localizada en Bagdad. Esta política trajo la búsqueda de la excelencia en cada campo, desde la agricultura hasta la elite intelectual. El principal ejemplo de esto fue la ciudad de Córdoba que llegó a ser la capital del país. La inmensa población gozaba de servicios como baños públicos, alumbrado, una universidad y una gran biblioteca. En sus mercados se vendían artículos de todo el mundo conocido, y sus magníficas residencias, jardines y palacios eran habitados por una clase adinerada y culta. Aún los pobres estaban en mejor condición que la mayoría cristiana.

Además del alto nivel de las artesanías y de las bellas artes, estaba el estudio de la filosofía. Aquí, los árabes y judíos compartían la misma búsqueda obsesiva por relacionar el pensamiento helénico con sus respectivas escrituras. El descubrimiento del método lógico de Aristóteles, las contemplaciones intelectuales de Platón y más tarde los pensadores paganos, motivaron las agudas mentes de árabes y judíos. Unificar las “dos verdades” (Razón y Revelación) para probar su mutua veracidad, fue una ocupación vital. Los religiosos más conservadores eran hostiles ante la idea de cualquier análisis del Corán o de la Biblia, y aunque inicialmente fueron ignorados, finalmente se volvió problemático el alejarse de la aceptación de la fe pura.

Muchos cristianos de la Europa Occidental llegaron a estudiar a España cuando se enteraron de la gran actividad intelectual que ahí se llevaba a cabo. Toledo fue en particular un importante centro de reunión de las tres creencias, donde estudiantes y místicos podían discutir libremente la “Nueva Enseñanza” como fue llamada. Fue aquí donde empezó el Renacimiento de Occidente, en la etapa temprana de la Edad Media; obras antiguas y contemporáneas fueron traducidas del árabe –usualmente por los judíos– al latín y otras lenguas occidentales.

Además de la interacción entre España y la elite intelectual extranjera, estaba la influencia morisca en las actitudes y costumbres europeas. Dentro de la poesía árabe la mujer ocupaba un lugar especial, tratada con gran gentileza y puesta en un pedestal. El romanticismo y la conducta cortesana realza la imagen guerrera del moro. Este código caballeresco llegó a ser el modelo ideal del caballero cristiano, manifestado a través de los cantares de los trovadores, quienes recorrían las cortes de Europa. El ajedrez y los buenos modales en la mesa, así como las mejoras en la comodidad y otras prácticas domésticas, llegaron a Europa a través de España. Sin embargo, la aportación más importante fue el concepto completamente nuevo de ver el mundo, pues los europeos se concientizaron de un nivel más vasto y profundo del conocimiento, así como de la percepción de la realidad.

Las universidades de Andalucía eran las mejores de la Europa Occidental, ya que ésta se encontraba todavía en el oscurantismo. Había profesores y escuelas para cada especialidad conocida, desde teología hasta mecánica. Entre estos conocimientos se encontraban la astronomía y la astrología –unidas hasta entonces– en una sola ciencia, que fueron desarrolladas más allá de los niveles conocidos en Babilonia y Grecia, ya que los árabes y los judíos hacían mapas del cielo y trazaban sus ritmos produciendo las tablas astronómicas más exactas de la época para el rey cristiano Alfonso, quien reconquistó Toledo y la hizo su capital.

Alfonso tenía en su corte a los más versados y creativos profesionales de todas las religiones. Sin embargo, favorecía a los moros y a los judíos, a tal grado que sus cortesanos cristianos, especialmente el clero, estaban preocupados por la influencia que ejercían estos consejeros infieles, específicamente los judíos, ya que hablaban árabe con fluidez, así como el castellano y podían captar el pensamiento morisco y español. Esta inteligencia era particularmente útil en la guerra entre cristianos y moros que luchaban por tener dominio de la península. Los únicos habitantes que podían viajar libremente entre ambos campamentos eran los judíos. Esto les dio importancia como diplomáticos, espías y mercaderes operando en ambos lados, ya que todos necesitaban información. La posición relativamente neutral de los judíos fue muy útil, hasta que finalmente en el siglo XV los moros fueron expulsados de España.

Mientras la reconquista cristiana se seguía extendiendo durante varios siglos, las tres comunidades espirituales produjeron un universo de personajes relevantes. Uno de ellos fue Ibn Gabirol, poeta y filósofo judío que introdujo el Neo-platonismo en España. Otro fue el místico árabe Ibn Arabi, quien desarrolló la cosmología y la ideología Sufi. Un logro ejemplar cristiano fue el filósofo Raymundo Lull, quien como los personajes anteriores efectuó una amalgama de las tres tradiciones para producir una versión propia. Los tres tuvieron una gran influencia en el desarrollo de la vida espiritual de occidente.

La competencia entre la religión y la filosofía alcanzó un punto preponderante en las tres creencias durante la Edad Media. Tomás de Aquino empleó la obra del filósofo judío español Maimónides como base para conciliar las “dos verdades”, lo que fue reconocido por la iglesia latina. Sin embargo, la comunidad judía se dispersó al no tener entre ellos un papa o rabino principal como autoridad final, y además porque la joven elite intelectual estaba particularmente fascinada con la lógica griega. Declararon que la fe por sí sola no era suficiente. En algún momento del siglo XIII los místicos judíos decidieron salir de su posición aislada y trataron de alcanzar una solución a dicho problema.

El único lugar en donde se podía encontrar tal solución era España, pues los rabinos tenían antecedentes filosóficos. Los judíos franceses y alemanes eran letrados, pero no tenían conocimiento del método griego. Su acercamiento era más simbólico que metafísico. Los judíos españoles estaban familiarizados con los dos, así que fue en ellos en quienes recayó el presentar un argumento convincente que nadie pudiera refutar. La principal escuela que tomó dicha tarea estaba en Gerona, en Cataluña. Ahí se produjo un sistema místico racional que vino a conocerse con el nombre de Cábala. En cuanto su formulación fue publicada, se extendió como fuego incontrolable por toda la comunidad judía, a pesar de la molestia de aquellos que creían que los aspectos esotéricos debían mantenerse en secreto. Este movimiento creó una vasta cantidad de literatura mística. La flor de dicho impulso fue el Zohar, que influenció a muchos cristianos quienes produjeron su propia versión de la Cábala.

España fue el hogar de un período único en la historia. Fue el país anfitrión de la Época de Oro en la que el intercambio tolerante y amistoso entre las tres religiones de occidente fue posible. Por un breve tiempo, Córdoba y luego Toledo fueron capitales espirituales de Europa. Fue en España que se encontraron las más hábiles inteligencias de muchas generaciones, para dar paso al renacimiento de Europa. Fue sólo cuando los elementos fundamentalistas de las tres creencias trataron de restablecer sus religiones en formas simplistas que el proceso se frenó y fue destruido. Fue después de 1492 y de la expulsión de los judíos y más tarde la de los moros –dos factores importantes en la vida de la nación– que España empezó a declinar a pesar de la ilusión de poder y de las grandes riquezas adquiridas con el oro traído del Nuevo Mundo. La interacción cultural se perdió cuando la Inquisición obligó a los judíos y moros conversos (los que permanecieron y se convirtieron) a ser buenos católicos. España está actualmente, 500 años después de 1492, empezando a reconocer su herencia perdida.

© Z’ev ben Shimon Halevi