Spanish: La Familia; Una Travesia Del Alma

Joanna Browne

Las familias son el núcleo celular de la sociedad; el parentesco al que somos atraídos con la intención de iniciar una aventura a través de la experiencia.

Todos tenemos nuestro origen en el mundo de la Divinidad (Azilut) y la figura de la Gloria Divina, dentro de este mundo, es el Ser Primordial (Adán Kadmón) del cual provenimos. Son estos profundos orígenes los que nos predisponen hacia nuestro destino y sino particulares. La Tradición nos dice que cada chispa de este mundo de la luz grita, “yo soy”, al momento de entrar en el tiempo (Beriah/Creación).

La Creación es donde las chispas se separan del Ser Primordial y las células se diferencian dentro del Adán creado. Toda la humanidad está contenida en este mundo, lo masculino y lo femenino están fusionados en un solo ser dentro de este mundo esencial.

Descendiendo al siguiente mundo, el de la Formación, vemos a la primera familia. Lo masculino y lo femenino, arquetipos del padre y de la madre, se separan en dos psiques complementarias. La psique femenina es receptiva, discrimina y comprende, uno de sus símbolos es la luna creciente y llena; refleja la luz y es la soberana de la noche. La psique masculina es activa, expansiva y sabia, a menudo simbolizada por el sol, radiante y poderoso. La verdadera individuación es cuando ambos, los arquetipos femenino y masculino, se integran en un ser humano.

Antes del descenso final hacia la materia, estas almas femeninas y masculinas se reúnen en la Casa del Tesoro de las Almas. Aquí, grupos con mentes e intereses homogéneos se reúnen para poder llevar a cabo un trabajo específico. A veces hay una extraña empatía entre los miembros de una misma familia o amigos, así como un reconocimiento muy profundo.

Durante la concepción, cuando el esperma y el óvulo se juntan, todos los mundos se unen y dentro del núcleo del embrión se encuentra la molécula del ADN; este es el nivel cósmico y creativo del mundo físico. En el momento de la concepción nada es visible físicamente, sin embargo, dentro de ese racimo de las primeras células están los principios de todo lo que se va a manifestar. Algunas parejas mientras hacen el amor perciben la imagen del alma que va a nacer. Esta imagen ya existe y el cuerpo va conformándose al ir creciendo.

En el útero, el embrión nada en un fluido mientras transita entre el mundo formativo acuoso y el cuerpo físico que se está formando, así el pequeño ser se desarrolla a través de las etapas vegetal y animal hacia una forma humana. El alma puede revolotear alrededor del feto, pero a menudo no se fusiona con el cuerpo físico sino hasta el nacimiento. Algunas almas nunca entran; se retiran y el niño nace muerto.

La vasija femenina contiene los procesos creativos, formativos y de preparación, y la hora del nacimiento es fijada con precisión mientras las ruedas de los planetas se mueven al momento en que el alma encarna sin importar que haya habido inducción o nacimiento prematuro. Los mayores y los amigos en los mundos superiores vigilan al alma durante esta transición, ya que en este período las fuerzas que están en juego son muy poderosas, tanto las fuerzas de luz como las de la oscuridad. Algunos amigos que han presenciado un nacimiento, han visto una bóveda impenetrable sobre esta escena, así como un haz de luz azul. Estos amigos y compañeros se ven unidos en ambos lados de la división entre el cielo y la tierra.

A menudo, los bebés nacen con un sello residual de su vida anterior y parecen como “pequeños viejecitos” o “pequeñas viejecitas”, algunos satisfechos y otros molestos. Después de algunos días, este rasgo desaparece y toman la apariencia de bebés.

Poco después del nacimiento, la memoria que el alma tiene de los otros mundos comienza a desaparecer. En los primeros días existe una puerta hacia el cielo que queda semi-abierta y se percibe una cierta luz que irradia en la habitación. En mi experiencia, los límites entre los mundos se vuelven translúcidos y la presencia de los mundos superiores transforma la habitación. Esta memoria disminuye en la medida en que las exigencias de la vida física van tomando el control. Cada alma está hecha a la medida para esa familia en particular, de tal manera que las relaciones se puedan echar a andar y sean experimentadas tanto por los padres como por los hijos. Un viejo refrán dice, “el hijo es el secreto interno del padre”, y esto es tan cierto que el hijo genera profundos complejos dentro del padre y de la madre.

En los primeros días del cuerpo nuevo, confinado y dependiente, necesita alimento y la madre es la primera que se lo proporciona en forma de leche, calor y comodidad. Esta etapa es una prolongación del útero y hay poca sensación de separación entre la madre y el bebé. Este alimento, en el nivel físico y patológico, tiene largos alcances y aquellos que no lo recibieron, tendrán más tarde en la vida mucho trabajo que realizar para poder sanar esa pérdida.

El bebé tiene experiencias sensoriales muy fuertes y empieza a formarse una idea del mundo. Aquí es cuando la madre ayuda al hijo a cumplir sus deseos y a controlar las poderosas demandas instintivas. Cuando las necesidades de cada etapa no se satisfacen plenamente hay una tendencia a buscar su cumplimiento más tarde en la vida, en un nivel profundo del inconsciente.

Entre el primero y los siete años, el niño desarrolla un ego que aún no está formado. Este es un proceso en el cual se desarrollan las impresiones sobre la pantalla de la consciencia que refleja los mundos interno y externo. Durante la niñez, la imaginación interna se mezcla a menudo con las imágenes externas y las diferencias son difusas. Si los padres penetran en el mundo imaginativo de su hijo en vez de negar su existencia, el hijo se siente más seguro dentro de su vida interior. No importa qué tan vieja sea el alma, tiene que atravesar por estas etapas de desarrollo y aprender a funcionar en el mundo físico. Necesita adiestrarse, aprender a pensar y a experimentar los diferentes estados de ánimo y sentimientos. En esta etapa los valores de la familia son de gran influencia.

La familia constituye el primer taller y es la vasija que guarda y nutre el desarrollo del niño. Es un instrumento de crecimiento o destrucción y es aquí donde el niño aprende a adaptarse a los demás y a experimentar las pasiones de amor y de odio. El alma siempre tiene elecciones y tiene su propio nivel de madurez independientemente de la edad física. Decisiones muy profundas se pueden llevar a cabo a una edad temprana que afectarán durante toda la vida. Por ejemplo, “yo soy una víctima y de esa manera consigo lo que quiero en la vida”, o “nunca confiaré en nadie”.

Entre los siete y los catorce años está la etapa escolar. El niño se está desarrollando en la parte estructural del Arbol y está usando sus habilidades conceptuales, tales como la lectura, la escritura y el lenguaje, así como el desarrollo de las aptitudes racionales. A esta edad el niño experimenta e investiga; juega con fuego (literal y alegóricamente), hace muchas preguntas y colecciona bellotas, piedras, velas y todo tipo de objetos.

Cuando el niño se mueve hacia el lado dinámico del Arbol y aborda la adolescencia, de los catorce a los veintiuno, empieza un proceso totalmente nuevo. El niño oscila entre los dos pilares del Arbol. De ser posible, la familia debe ayudar al niño, quien se está transformando en contener las fluctuaciones excesivas entre la exaltación y la depresión. Aparecen sentimientos muy pasionales y las relaciones son intensas para el niño, siendo a veces una agonía para los padres. Aquí empieza a sentirse la brecha generacional.

Este es el momento en el que la estabilidad familiar es muy importante. Si los padres pueden practicar la comprensión junto con la disciplina y combinar la sabiduría con la misericordia, la vasija familiar puede contener y guardar la inestabilidad del alma para que la transformación se lleve a cabo, y por experiencia personal, puedo decir que la mano de la Providencia trabaja horas extras durante esos días de la juventud.

Al pasar de los años, el alma empieza a despertar al mundo a su alrededor, haciéndose preguntas y explorando ideas. El alma se busca a sí misma y anhela romper sus ataduras con la familia y la sociedad. Esta es una época de sentimientos y devociones fuertes y los jóvenes se buscan entre sí para encontrar pareja. La joven lleva en su inconsciente al muchacho ideal y el joven a la chica de sus sueños. Cuando estas imágenes se proyectan hacia otra persona, el hombre y la mujer se enamoran. Sin embargo, cuando la realidad se hace aparente y la pareja no coincide con la proyección, ambos pueden decepcionarse.

Cada persona está en busca de su pareja, pero comúnmente las almas gemelas no son fáciles de encontrar y por esto muchas parejas se encuentran con el objeto de trabajar relaciones pasadas. Cuando dos almas se individualizan y reconocen lo que las une, existe la posibilidad de hacer un trabajo consciente para la humanidad. Si se lleva a cabo un verdadero matrimonio y se tienen hijos, la familia se convierte en el taller donde todas las almas involucradas trabajan. La enseñanza se transmite conscientemente a los hijos a través de la conversación y la vida diaria, y los padres tratan de vivir de acuerdo a lo que saben.

Para alcanzar al Ser hay que trabajar y luchar para poderse liberar del dominio del ego y de todas sus alucinaciones, fantasías y deseos de mantener las rutinas y patrones del pasado.

El conocerse a sí mismo significa conocer la verdad y esto incluye los talentos y dones tanto como los defectos, pero para la mayoría de la gente, las exigencias del mundo material y los deseos del momento son tan fuertes que no les permiten descubrir la verdad de sí mismas.

Si se alcanza cierto grado de individuación, las almas buscan compañeras de mente parecida y éstas podrían no pertenecer a la familia física. Al separarse hay oportunidad de que ambos, hijos y padres, crezcan; pero lo que a menudo sucede es que los padres se aferran a la imagen de su hijo y no le permiten ser quien realmente es.

Los individuos que encarnan más o menos al mismo tiempo se encuentran y se unen para realizar un trabajo específico o formar una escuela del alma. Son llamados para operar dentro del mundo; para llevar la luz dentro del nivel más denso de la materialidad, mientras hacen contacto con la Obra de la Creación. Esto no es fácil pues dentro de la familia hay quienes están celosos, envidiosos o en competencia con los demás. Muchos se alejarán de este trabajo. Satanás, el Examinador, vigila la fuerza del alma, y dentro de esta familia se ponen a prueba la lealtad y la honestidad, al mismo tiempo que las relaciones tienen que pasar la prueba de la verdad. Las decisiones tomadas durante este tiempo afectan a las personas profundamente.

La etapa del adulto joven es cuando la mayoría de la gente ejerce la paternidad. Ser padre requiere mucha discriminación; fijar límites y estructuras, así como decidir lo que es una conducta aceptable. Para que haya un equilibrio adecuado en la vida familiar, tiene que haber misericordia, aunque el énfasis más bien debe estar en la discriminación. Esto es importante ya que los hijos necesitan tener límites sanos dentro de los cuales puedan desarrollarse. Sin embargo, una estructura demasiado exagerada puede ser opresiva y estricta en exceso, no dejando espacio para la creatividad. En caso extremo, el hijo crece físicamente, pero no puede independizarse al estar retenido por la seguridad de dichas estructuras. El dar demasiada libertad, por otro lado, puede ser igualmente destructivo, al permitírsele tanta expansión, el hijo crece con inseguridad.

La edad madura tardía es la etapa de los abuelos y es cuando se enfatiza el pilar derecho del Arbol. La gente de esta edad ha tenido múltiples experiencias y al no tener la responsabilidad inmediata de la familia, tienen una visión más objetiva.

Cuando el alma envejece, hay un tiempo para contemplar la vida y ésta tiene una perspectiva llena de recuerdos de sucesos y sentimientos. Esta es la época en la que las experiencias de toda una vida pueden trasmitirse a la siguiente generación. Para algunos, existe la resistencia a envejecer y el miedo al cambio, especialmente a la muerte. Para otros, es el momento de hacer una síntesis de sus experiencias y de revisar sus relaciones familiares.

Cuando viene la muerte, el alma retorna a los mundos superiores. Las imágenes del nacimiento y de la muerte son muy similares: la luz al final del túnel y el anhelo de estar en esa luz. Casi todos los relatos acerca de las experiencias cercanas a la muerte describen la sensación de alivio al ser liberado de los confines del cuerpo, así como el deseo de avanzar hacia el mundo siguiente. Sin embargo, para algunos puede no ser el momento y entonces regresan al cuerpo para terminar su trabajo en la tierra. Aquellos que han completado su estancia, aún siendo jóvenes, se desprenden del cuerpo y el alma es recibida del otro lado, al mismo tiempo que es llorada en la tierra. Se dice que los honestos mueren suavemente tanto como quitar un pelo de una taza de leche, pero para aquellos que resisten el enfrentarse consigo mismos, la muerte es más difícil.

Si vemos al mundo en el contexto de que “igual es Arriba como es Abajo”, podemos observar que de acuerdo a la vida y a la consciencia, las almas encuentran su nivel correspondiente después de la muerte. Aquellos que siguen insistiendo en quebrantar las leyes de la vida sin responsabilizarse por sus hechos, se enfrentarán a la verdad de su vida y se quedarán en el infierno hasta que sean capaces de percibir lo que han hecho. El arrepentimiento siempre es posible.

Después de la muerte cada alma encuentra su nivel y reflexiona sobre su trayecto en la tierra. Se le enseña la verdad acerca de su vida y se encuentra con sus compañeros. Algunos tienen trabajo que hacer en un nivel descarnado y otros regresan para continuar su evolución en la tierra, colocados en otra familia que será la adecuada para ampliar su desarrollo en otra era del tiempo.

Algunas almas están verdaderamente integradas, y a éstas se les confiere un trabajo específico. Estos seres han trabajado durante muchas vidas, tienen una vasija unificada para la consciencia Divina y poseen un resplandor especial. Estas almas se encuentran en la etapa final de esta travesía y pueden regresar a enseñar el camino a las almas más jóvenes que desean evolucionar.

Cada uno de nosotros se encuentra en una etapa distinta de este mismo viaje, con sus múltiples iniciaciones. La mayoría de nosotros tiene mucho aún por recorrer pero existe una certeza: la gracia y la providencia de Dios en cada uno de estos pasos del camino, si elegimos ver.

© Joanna Browne