Spanish: El Plan Divino

Z’ev ben Shimon Halevi

Introducción

La tradición esotérica del judaísmo, aunque antigua en origen, aún está viva y desarrollándose en nuestros días. Esto se debe a que le concierne el eterno problema del descubrimiento del propósito de la vida humana y de mostrar cómo ésta se relaciona al universo y a Dios. El vasto cuerpo de conocimiento acumulado a través de los siglos ha tenido muchos cambios, adaptándose a diferentes lugares y épocas, sin embargo el estudio de la psicología y de lo espiritual siempre han permanecido al centro de esta Hockmah Nestorah o “Sabiduría Escondida”.

Hoy en día la Kabalah está adoptando el lenguaje de la ciencia y el arte moderno para comunicar su enseñanza para que la humanidad pueda conocer cuál es su verdadera naturaleza y así tomar consciencia de su propósito y su lugar en el universo. Esto significa que puede participar en el plan Divino y la Auto realización y así cumplir con su destino y servir a Dios.

Tradición

La palabra hebrea Kabalah significa “recibir”. Algunos interpretan esto como una tradición pasada de una generación a otra. Otros la perciben como conocimiento recibido directamente del Cielo. Esta línea tradicional u horizontal de la Kabalah puede ser transmitida en privado, de maestro a discípulo, o en público en un seminario. El modo directo o vertical de la transmisión puede ocurrir cuando el místico se encuentra en soledad o aún en medio de una multitud cuando una voz interna o una visión le imparte la Enseñanza.

La Kabalah es el aspecto esotérico del judaísmo. La Torah o Enseñanza está entretejida en la historia temprana de los judíos. Se dice que las dos tablas que Moisés bajó del Monte Sinaí representan las facetas internas y externas de la Tradición. La primera era para enseñarla durante el día, mientras que la última era para estudiarla de noche y en secreto. Esto era para prevenir cualquier interpretación equivocada de los “Hijos de Israel”, o los inmaduros, que solamente veían la forma externa de lo escrito, en contraste con la “Casa de Israel”, los ancianos o las almas viejas que podían discernir el significado interno concerniente al propósito de la humanidad y del universo, y de su relación con Dios.

La Biblia hebrea comienza con la historia de la Creación y sus habitantes y con la posición especial de la humanidad. Después delinea las primeras épocas en que la humanidad progresa o retrocede a través de varias etapas hasta el advenimiento del patriarca Abraham. Su sueño visionario que le dice que deje su casa y busque un país distante, marca el principio del período histórico en el cual sus descendientes llegan a ser una nación seleccionada para demostrar principios morales y espirituales. El Antiguo Testamento describe toda posible situación humana. Cada historia es una ilustración de qué puede suceder si la Ley Divina es obedecida o ignorada. Moisés estableció claramente la elección entre el Camino de la Vida y el Camino de la Muerte. Sin embargo, había algo más en la Biblia que un código de conducta. Escondido en el texto se encontraba mucho sobre psicología, cosmología y de la naturaleza del Creador. Se requiere de una llave para extraer este conocimiento. Esa es la función de la Kabalah.

Se dice que existen cuatro formas para percibir las escrituras. La primera es la literal; la segunda, la alegórica; la tercera, la filosófica y la cuarta, la mística. En este último modo, el conocimiento directo penetra el simple relato, la imagen poética y la conclusión metafísica para proporcionar una experiencia personal de la Sabiduría Escondida.

El acercamiento místico es la base de la Kabalah. A través de los siglos, y debido a la gran dispersión de los judíos, han existido muchas versiones de la Tradición esotérica. Sin embargo, todas contienen, en esencia, el mismo entendimiento de los mitos, las leyendas y las historias asociadas con la Biblia. El siguiente ejemplo ilustra cómo la Kabalah mira los eventos descritos como parte de un plan Divino.

Leyenda

El canon escrito trata brevemente de la caída de Adán y Eva. Sin embargo, la tradición oral judaica nos ofrece una versión mucho más holgada del incidente. Algo de la Enseñanza oral fue incluida en el Talmud, el expediente rabínico de discusiones legales, del folklore y de temas misceláneos relacionados con la Biblia.

El Jardín del Edén tenía dos árboles especiales que crecían dentro de él. Uno era el Arbol del Conocimiento, el otro era el Arbol de la Vida. Estos representan, de acuerdo a la Kabalah, los mundos superiores de la Creación o el reino de la Espiritualidad (El Arbol del Conocimiento), y el de la Emanación, o el reino de la Divinidad (El Arbol de la Vida). Ellos simbolizan la parte superior de una escalera de cuatro universos, donde el Paraíso, o reino de la Formación y la Naturaleza, o reino de la Acción, forman los dos travesaños inferiores. En este punto de la historia, Adán y Eva vivían una idílica existencia en el Edén, el reino del alma. Ahí había sólo una prohibición y ésa era la de no comer del fruto de los dos grandes Arboles que se encontraban en medio del Jardín.

Anterior a esta situación paradisíaca, Adán era “ambos, masculino y femenino”. O sea, un espíritu andrógino que fue manifiesto en el sexto día de la Creación, cuando aparecieron las bestias del campo. Los peces del mar y las aves del aire, símbolos de los ángeles y los arcángeles, precedieron a Adán y por eso que su líder Lucifer, el Portador de la Luz, se consideraba a sí mismo superior al humano recién llegado. Entonces cuando el Creador le pidió a las huestes celestiales que reconocieran a Adán como el más alto de los espíritus, Lucifer rehusó.

Para poder demostrar que el ser humano era la imagen más perfecta de la Divinidad, se estableció una contienda en la cual Lucifer y Adán iban a competir en el nombramiento de los animales. Esto fue desastroso para Lucifer ya que al arcángel no se le había dado la habilidad de inventar o crear. Su humillación ante las huestes ocasionó a Lucifer salir enfurecido del Cielo llevándose consigo a un número de seres rebeldes. Ellos se convirtieron en las entidades demoníacas que se opondrían a Dios y serían los eternos enemigos de Adán. Cuando el espíritu de Adán descendió del reino de la Creación para llegar a diferenciarse en almas masculina y femenina simbolizadas por la pareja en el Jardín del Edén, Lucifer reaparece como la serpiente. Así la inteligencia superior de esta criatura caída no iba a ser desperdiciada, como nada lo es, en el esquema Divino, sino aplicada como el Satanás o “El que pone a prueba” de la humanidad. Este oscuro sirviente de Dios persuadió a Adán y Eva a que comieran del fruto prohibido.

Tenían la opción de resistir la tentación, pero eligieron sucumbir. Como resultado de comer del Arbol del Conocimiento, se dieron cuenta del poder del libre albedrío y del mal y el bien. Para evitar que tomaran del Arbol Divino y se volvieran inmortales, antes de que fueran responsables, fueron enviados al mundo más bajo, material, cubiertos con pieles de animales, es decir, a nacer y a tomar cuerpos carnales.

El descenso de la humanidad era parte de un plan en el cual Adán y Eva iban a convertirse en organismos de percepción para el Divino. Su ascenso evolutivo y su exploración de la Existencia en su retorno al Absoluto iba a ser el instrumento con el cual Dios iba a contemplar a Dios en su viaje de Auto-realización. El reconocimiento de este papel puede verse solamente penetrando el simbolismo de la historia.

Historia

Un libro fue dado a Adán por el arcángel Raziel cuyo nombre significa “Los Secretos de Dios” para ayudarlo en su Teshuba, o retorno. Este fue transmitido a las primeras generaciones de la humanidad. Desafortunadamente éstas hicieron mal uso de él, como es el caso de “los hijos de Dios”, los más avanzados espiritualmente, quienes sedujeron a “las hijas de los hombres”, los menos evolucionados, esto produjo monstruos muy astutos que victimizaron a todos. Este abuso y otras arrogancias casi dan fin a la raza humana, cuya maldad fue cercenada por el Diluvio. Afortunadamente la línea de rectitud había sido mantenida por Enoch que, de acuerdo a la leyenda, había sido transportado al Cielo durante una meditación y enseñado la razón de la Existencia. El fue la primera persona completamente auto-realizada y llegó a ser, a través de una transfiguración, el gran “Metatrón”. Como tal tomó el papel de Maestro de Maestros, así como ocupar el lugar en el Cielo desocupado por Lucifer.

Enoch, el Iniciado, reaparece en la Biblia como Melchizedek, el rey-sacerdote de quien se decía que no tenía padre ni madre. Fue él quien le dio la Enseñanza a Abraham, en Salem (Jerusalén) alrededor de 1800 años antes de nuestra era. Enoch se manifestó más tarde como Elías, el instructor y protector secreto de los grandes kabalistas. El también aparece en muchas formas a través de los siglos para ayudar a personas merecedoras, ya que es maestro del tiempo y del espacio.

Abraham fue el primero de una línea que iba a generar tres grandes religiones de revelación. Su nombre significa “Padre de Naciones o Tradiciones”. La Torá se transmitió a Isaac y a su hijo, Jacob cuya transformación a Israel indicó un cambio de nivel psicológico o personal a un punto de vista espiritual o cósmico. Uno de sus hijos, Levi, sostuvo la línea del conocimiento y fue dentro de esta tribu que nació Moisés alrededor del siglo trece A.C. El descenso a Egipto y a la esclavitud, que simboliza estar atrapados en lo físico, fue seguido por el Exodo y el ascenso a través del desierto de llegar a la tierra de la que emana Leche y Miel, o el reino del Espíritu. A Moisés se le mostraron los secretos del Cielo en el Monte Sinaí. Estos fueron corporificados en las formas y los rituales del Tabernáculo y del Templo de Salomón. La estructura posterior, construida en el siglo diez A.C. con su atrio exterior e interior, su santuario y su Santo de los Santos, por ejemplo, representaba los cuatro mundos de la Acción – Asiyyah; Formación – Yezirah; Creación – Beriah y Emanación – Azilut.

¡Alas! Aún el sabio Salomón, llamado maestro de los tres mundos inferiores, podía ser tentado. El permitió a la hija del Faraón que pusiera un santuario egipcio en el Templo y ser engañado por el malvado Asmodeo, Rey de los Demonios. Por algún tiempo se convirtió en un loco vagabundo, mientras el demonio se sentaba en su trono. Este y otros errores causaron el eventual desmembramiento de su reino, símbolo de la civilización ideal. A pesar de muchas advertencias proféticas, reyes posteriores infringieron la Torá. Esto condujo a la inevitable destrucción del Templo en el año 587 A.C. y a la primera dispersión del pueblo judío.

El exilio de Babilonia en el siglo sexto A.C. ocasionó una nueva formulación de la Sabiduría Escondida, influenciada por la mitología y la filosofía de Babilonia, Persia y Grecia. Ezequiel, un sacerdote visionario, presenció la Existencia en términos de un enorme Carruaje el cual tenía un Trono sobre el cual se sentaba una vasta figura humana de fuego. Este símbolo místico llegó a ser el modelo de lo que se llamó la tradición Hekalot de “Los Vestíbulos Celestiales”, que apareció en los siglos anteriores a nuestra era. En ésta los jinetes de la Merkabah o “Carruaje” entraban a los reinos superiores en sus meditaciones profundas. De estos viajes internos nos llegan muchos relatos de regiones invisibles que contienen habitantes celestiales. Algunos grandes místicos aseguraban haber visto la figura ardiente del Adán Divino e inclusive haberse encontrado y hablado con Metatrón.

La tradición esotérica fue llevada a Italia desde las academias rabínicas orientales en decadencia en el siglo noveno y poco después vía el norte de Africa a España. Desde estos lugares se extendió hacia Alemania, Francia y más allá. Aquí sufrió una gran transformación debido al conflicto que existía entre la religión y la filosofía en el mundo judeo-árabe del siglo trece. Cuando la controversia entre la revelación y la razón comenzó seriamente a dividir a la judería, el círculo de místicos usualmente discretos de Gerona en Cataluña pensaron que la Kabalah podría reconciliar esas dos Verdades. Este grupo, el cual incluía al gran rabino Nahmanides, produjo un sistema de pensamiento neo-platónico basado en la doctrina secreta de la escuela francesa de Isaac el Ciego, que desaprobaba su publicación. Sin embargo, dichas objeciones llegaron demasiado tarde especialmente cuando el libro enciclopédico del Zohar, editado por Moisés de León, se convirtió en un best seller. Esta obra masiva no solo revolucionó las actitudes religiosas de los judíos, sino que fue divulgada ampliamente para influenciar a muchos intelectuales europeos como los estudiosos del renacimiento, tales como Pico della Mirándola, Reuchlin y Agrippa. De aquí surgió en los siglos dieciséis y diecisiete la Cábala Cristiana, los Rosacruces, los Masones y la Tradición Oculta de occidente. Los cuatro mazos del Tarot, por ejemplo, están basados en los cuatro mundos kabalísticos, mientras que el arcano mayor se relaciona con las veintidós letras hebreas.

La Kabalah judía sufrió otro gran cambio en el siglo dieciséis, cuando Isaac Luria, que creía ser el mesías, introdujo sus ideas personales al centro kabalístico de Safed en la Palestina Otomana. Aunque su concepto de las vasijas rotas y los mundos desplazados eran contrarias a la Torá, en la cual Dios indica claramente que la Creación era tov meod, “muy buena”, su explicación de la maldad en el mundo fue ampliamente aceptada. Esto se debió a las continuas persecuciones de los judíos y de su reciente expulsión de España en 1492. La Kabalah luriánica se convirtió en la versión popular de la Tradición, mientras que la principal línea de Moisés Cordovero, su maestro, continuó la “Sabiduría Escondida”. En el siglo diecisiete la Kabalah fue utilizada para sostener los reclamos del falso mesías Shabbetai Zevi. Cuando, al dársele la oportunidad de elegir entre la conversión o la muerte se convirtió en musulmán, causó el colapso de movimiento masivo; el estudio de la Kabalah fue prohibido para todos excepto para el erudito y el sabio. Se mantuvo de esta forma hasta su renacimiento a finales del siglo veinte como un sendero espiritual para muchos que buscan un significado que esté más allá del materialismo.

Imagen de lo Divino

Entonces, ¿en qué consiste el sistema kabalístico y sus métodos? Primeramente, se encuentra la enseñanza concerniente a Dios. De acuerdo a una escuela medieval, El Santo se encuentra más allá de la Existencia. Ciertamente, puede decirse que Dios no existe. Para aclarar esta aparente contradicción ellos usaban dos términos filosóficos: Ain, que significa “No-Cosa”, y Ain sof, que puede ser traducido como “Sin-límite”. Ambas son definiciones de algunas formas de mirar al Absoluto. Uno indica la No-Existencia y el otro, aquel que contiene Toda-Existencia.

En la gran obra kabalística del Zohar se declara “El rostro no podía mirar al Rostro”. Esto significaba que El Santo estaba totalmente solo, ya que nada más existía. Sin embargo, “Dios deseaba contemplar a Dios”, dice la Tradición; por lo tanto, tenía que producirse un espejo para hacer un reflejo. Esta speculum es la Existencia. Otros dicen que Dios deseaba ser conocido. Cualquiera que sea la razón, fue por un Acto de Voluntad que comenzó el proceso para producir una serie de universos del Absoluto.

Y así, se hizo un principio de acuerdo a kabalistas que trataron de explicar lo inexplicable, cuando el Omnipresente se contrajo para permitir que surgiera dentro de El un pequeño espacio. Este vacío sería la vasija que iba a ser llenada por la Existencia. Cuando Moisés preguntó qué Nombre Santo podía usar para convencer a los israelitas que él tenía la autoridad de Dios, inicialmente se le dio el nombre de Ejeyeh o “Yo Soy”. Después, el de Ejeyeh asher ejeyeh, “Yo Soy el que Soy”. Esto no solamente es un título, sino una intención ya que contiene la razón de la Existencia. Primero está el “Yo Soy”, la Fuente del Ser; después viene la palabra “quien”. Este pronombre relativo representa la Realidad relativa que va a reflejar el segundo “Yo Soy” como un reflejo. Esta declaración compuesta define la emergencia de la Voluntad de Dios saliendo del Absoluto para producir una manifestación en la cual El Rostro puede mirar El Rostro. La imagen Divina se contempla en el reflejo de la Auto-realización. “Yo Soy” es el Ser eterno.

El último nombre que le fue dado a Moisés y que iba a ser usado por los Hijos de Israel es el sagrado tetragramatón que consiste en las consonantes YHVH. Este más tarde llegó a convertirse gráficamente en el Hombre de Fuego de Ezequiel, conocido como el Kavod o la Gloria cuando las cuatro letras se colocan verticalmente. Como tales, forman una figura humana llamada por los kabalistas, Adán Kadmón, el Hombre Primordial. Estas imágenes Divinas, ambas, revelan y ocultan al Absoluto en una capa de Luz Purísima.

En el Sefer Yezirah, un libro del siglo sexto, se usa el término de diez Sefirot o números. Estos se ven como los diez principios Divinos que fueron emanados de la Nada para generar el paradigma en el cual se basaría la Existencia. Estos forman la anatomía de Adán Kadmón y representan los diferentes niveles y funciones dentro de una unidad. Estas Sefirot también eran vistas como un Arbol de las Luces Divinas. Este concepto posiblemente vino de la Menorah, el candelabro de los siete brazos en el santuario del Tabernáculo y Templo, que tiene siete luces, tres empalmes y veintidós decoraciones. Estos se convirtieron en la base del diagrama del Arbol de la Vida que apareció en la España medieval.

Este primer nivel Divino fue llamado por los kabalistas el mundo de Azilut, que quiere decir “estar cerca de”. Los místicos filosóficos lo vieron como el reino de la Emanación o de la potencialidad. Aquí se encontraba la dimensión de la Eternidad, el prototipo de los tres mundos inferiores a los cuales se les iba a dar el ser. Ciertamente, algunos kabalistas lo vieron como un Arbol que crecía hacia abajo, el cual tenía sus raíces en el Absoluto, mientras que su tronco se convertía en la Creación. Sus ramas podían verse como el Jardín del Edén o Formación, y sus hojas y sus frutos como el mundo inferior de la Acción. La totalidad de los mundos constituían, en su forma integral, el marco de un espejo enorme en el cual el Absoluto pudo contemplar su reflejo.

La Escalera de Jacob

A los diez Atributos Divinos se les dieron varios nombres simbólicos de acuerdo a sus cualidades. La primera y la más alta era Keter, la Corona, fuente de todo. Después vinieron a ambos lados las dos supremas, Sabiduría-Hockmah y Entendimiento-Binah. Estas correspondían al cerebro de Adán Kadmón. Más debajo de estas dos Sefirot, en los pilares exteriores, Juicio-Gevurah y Misericordia-Hesed, los principios emocionales del miedo y del amor. Estas constituían el corazón del Adán Primordial. Más abajo y entre estas dos está Tiferet-Belleza, simbolizando el eje al centro del reino Divino. Esta estaba en la columna central de la Gracia descendiendo de Keter, a mitad de camino y entre la parte de arriba y la parte de abajo del Arbol Sefirótico. Bajo el plexo solar del primer Adán (Tiferet) iban las dos Sefirot de la Acción, Hod y Nezah. Estas son usualmente traducidas como Gloria y Victoria, pero esto puede ser engañoso ya que las raíces de sus palabras significan, respectivamente, “tremolar o vibrar” y “repetir o ciclo”. Algunas veces se ven como las manos o piernas de Adán Kadmón. Las dos últimas, en la columna central, son Yesod, Fundamento y Malkut-Reino. El primero representa al sexo, para algunos kabalistas, y la mente ordinaria para otros, mientras que la Sefirah que se encuentra hasta abajo se ve como la suma total de todas las demás, o como el vehículo Divino o como el cuerpo en su totalidad.

También está la no-Sefirah Daat-Conocimiento, que ocupa el espacio central bajo las tres supremas. A ésta se le considera como el lugar de Ruah ha Kodesh, El Espíritu Santo, algunas veces llamado la voz del Logos -La Palabra de Dios.

El mundo de lo Divino sostiene el pasado, el presente y el futuro. Es el reino sin tiempo, ya que todo está contenido dentro de la totalidad del Eterno Ahora. Sin embargo, para que Dios pueda contemplar a Dios, tiene que haber una extensión de la Existencia, de otro modo no habría tiempo o espacio en los que todas las dimensiones de la Divinidad pudieran experimentarse. Tiene que haber movimiento, un salirse de lo potencial a lo actual. Esto iba a generar un modo de multiplicidad desde el mundo primordial de la Unidad, que se desarrollaría a medida que se extendía la Existencia, un incremento en la diversificación que eventualmente buscaría regresar a una unión con su origen en el Uno, El Anciano de los Ancianos, como era llamado el Absoluto.

De acuerdo con la tradición, cada una de las veintidós decoraciones de la Menorah de siete brazos, tiene una letra hebrea asociada a ella. Ellas representan las conexiones entre las diez Sefirot. Las letras forman palabras y las palabras oraciones y así sucesivamente. En esta forma varias combinaciones del Aleph-Bet traen a colación la diferenciación. Cuando el Creador dijo, “Hágase la Luz” esto precipito la Creación en la cual la división del Día y de la Noche estableció dos pilares exteriores, positivo y negativo, pilares de un nuevo universo inferior. En el Segundo Día, vino la separación del firmamento o la extracción del cosmos de la Creación-Beriah del reino de la Emanación. Así, los tres primeros mundos inferiores comenzaron a surgir. El Tercer Día, añadió Agua y Tierra al Aire de la Creación y al Fuego del mundo Divino. Este día también estableció “Vida” en la manifestación de las plantas. En el Cuarto Día, aparecieron las luces celestiales y los ritmos cósmicos, mientras que el Quinto Día vio la creación de las aves del Aire y de los peces del mar. Los arcángeles vivían en la Creación, que es un mundo gaseoso, mientras que los ángeles iban a existir en la Formación-Yezirah, que es un universo fluido. Al Sexto Día vinieron las bestias del campo, las criaturas sólidas atadas a la Tierra, y un segundo Adán “Espiritual”. El último día fue destinado por el Creador al descanso y fue el primer Sabbath dedicado a reflexionar sobre Beriah.

Fuera de este mundo de las Ideas Beríaticas, como le llamarían los platonistas, vienen los siete vestíbulos del Cielo que figuran mucho en la literatura Hekalot. Aquí es donde se encuentra la esencia de toda criatura. Sus “formas” van a hacerse manifiestas en el siguiente mundo de Yezirah, que ahora va a surgir. Aquí en el Jardín del Edén se encontraba toda forma y tamaño de piedra, planta o animal que eventualmente iban a poderse ver en el reino de la Naturaleza. Fue en el mundo de la Formación-Yezirah que el andrógino Adán Espiritual se dividió en las dos almas gemelas de Adán y Eva. Aquí residieron hasta que fueron tentados y tuvieron que descender al mundo inferior de la Manifestación Material-Assiah, donde las entidades mineral, vegetal y animal entraron dentro de los cuatro estados de la materia. Aquí el tiempo era el “presente”, transitorio, siempre en movimiento, siempre cambiante en contraste con el Eterno “Ahora”. Y, sin embargo, aún encasillados en espíritu, psique y cuerpo, Adán y Eva contienen una chispa de la Divinidad y la posibilidad de la redención.

Cuando Jacob soñó con una gran Escalera que se extendía de la Tierra hacia arriba, hacia lo alto, vio la Gran Cadena del Ser. También vio Melechai, mensajeros, que subían y bajaban, indicando dos procesos -uno que viene de arriba y otro de abajo. Algunos kabalistas ven esto como el descenso de las almas hacia la Tierra para nacer y su ascenso después de la muerte. Otros, miran esto como el regreso al Divino. La Kabalah nos enseña que cada ser humano es una célula en el cuerpo de Adán Kadmón que desciende como un ser inocente hacia los tres mundos inferiores para adquirir experiencia para eventualmente reunirse con el Divino Adán e impartir lo que ha recibido. Este proceso deberá continuar hasta que Adán Kadmón esté consciente de cada rinconcito y rendija de la Existencia. En esta forma los tres mundos inferiores se convertirán en un reflejo que se sintetizará dentro de una sola imagen Auto-consciente. Ayudar a que esto se lleve a cabo es el blanco de la práctica kabalística. Algunos tradicionalistas le llaman Tikkun o “restauración”, otros hablan de ella como la redención. El objetivo es el mismo, la evolución individual y colectiva.

Angeles y Demonios

De acuerdo a la Kabalah, hay una profunda diferencia entre las entidades angélicas y los seres humanos. Los primeros fueron creados durante los primeros Siete Días, mientras que la humanidad existía antes que ellos como chispas de la Divinidad. Esto le dio a los humanos la habilidad especial de operar en cualquier nivel. Los ángeles y los demonios, sin embargo, fueron confinados a mundos y funciones específicas porque no tenían libre albedrío para hacer lo que quisieran. Si lo hubieran tenido, habría un caos total en el universo. Un mito kabalístico ilustra el por qué.

Cuando el Creador les preguntó a los ángeles su opinión de qué deseable sería crear a Adán, aquellos que se encontraban en el lado derecho misericordioso del Cielo dijeron que sería bueno, mientras que aquellos que se encontraban en el lado izquierdo del juicio lo consideraron mal. Cada grupo lo vio solamente desde su punto de vista como los seres humanos optimistas y pesimistas ven la vida de acuerdo a sus temperamentos. Lucifer, como ya se sabe, objetó la introducción de Adán a la Creación, mientras que el Gran Miguel y Gabriel, que también sostienen posiciones centrales aunque a un nivel inferior en la jerarquía angélica, dijeron que Adán añadiría gloria a la Existencia.

Cuando los poderes angélicos rebeldes abandonaron el Cielo, su deseo de destrucción se convirtió en su función vital, ya que alguien en el sistema universal tiene que tomar la tarea de romper y destruir cualquier cosa que sea redundante, mala o muerta. Así como las bacterias y los zopilotes tienen su lugar en el descarte de la materia decadente de la Naturaleza, así los demonios tienen latarea de descomponer elementos no- físicos así como situaciones enfermizas o que se están muriendo. Esa es la razón por la que Satán algunas veces es llamado el Angel de la Muerte. Los kabalistas evitaban encuentros con dichas criaturas siniestras a lo largo de sus excursiones a los reinos invisibles. Sin embargo, a Lucifer no se le evita tan fácilmente. El papel de Satán es el de probar la integridad de los místicos tentando el lado oscuro de sus psiques o inflando cualquier soberbia espiritual. El Libro de Job trata acerca de este examen. Las entidades angélicas inferiores son los espíritus de la Naturaleza. Estos tienen a su cargo lugares como ríos, bosques y montañas y las especies de las plantas y de los animales. También existen los elementales que son responsables por el tiempo. Cada deva tiene marcada su ocupación en la frente. Esta siempre termina con la palabra El-Dios, para recordarles a quién sirven. Así el ángel que manufactura la nieve se llama Shalgiel, mientras que el ángel de los rayos se llama Barakiel. Estos seres solamente pueden actuar si las condiciones son propicias para su manifestación.

Los seres angélicos superiores se encuentran organizados en huestes del pilar derecho, izquierdo y central. Se subdividen en cohortes y legiones con rangos de mando oficiadas por los arcángeles. Mucha de esta información ha sido transmitida desde el tiempo del exilio de Babilonia, sin embargo, un conocimiento considerable fue coleccionado en los ascensos místicos a los vestíbulos Hekalot por los conductores de la Merkabah de escuelas posteriores, como aquellas de los Fariseos, de los sacerdotes y probablemente de los Esenios. Algunos de ellos describen sus visiones de los angélicos como seres alados enormes, ruedas cósmicas con ojos, como rostros luminosos y voces sin cuerpo. Los mundos de la Formación y de la Creación tienen una población tan variada como cualquier habitat de la tierra.

Los arcángeles más conocidos son Miguel, Gabriel y Rafael. Ellos cuidan las puertas del Cielo y llevan a cabo funciones particulares. Miguel es el capitán de las Huestes Celestiales y el alto sacerdote del Templo Celestial mientras que Gabriel es el ángel guardián original y el que anuncia la Voluntad Divina. Rafael representa el principio de la curación espiritual. También existen las llamadas Cuatro Santas Criaturas Vivientes. El que tiene forma de un Hombre representa lo Divino, mientras que el que parece un águila simboliza a la Creación. El arcángel leonino cuida del Edén mientras que el Gran Buey alado supervisa el reino físico. Estos cuatro guardianes espirituales oscilan alrededor del Trono del Cielo, mientras que una entidad arcangélica llamada Sandalfón actúa como intermediario entre todos los mundos. Se dice que esto se debe a que Sandalfón es otra manifestación de Metatrón, pero en un nivel inferior, ya que su nombre significa “co-hermano” o “co-operador”. Dice la leyenda que Sandalfón hace guirnaldas con las oraciones y se las lleva al Santo. Esta posición única es posible ya que, la tradición añade, Sandalfón es tan alto que se extiende por toda la Escalera de Jacob. Todas estas historias están llenas de implicaciones esotéricas. Por ejemplo, para el Zaddik o el ser humano justo, Dios es todo oídos, esa es la razón por la cual mucha gente común y corriente le pide al santo o al sabio que pida en su nombre. Esto se debe a que tienen la habilidad de penetrar los mundos superiores y tocar el nivel Divino. Dicha capacidad es posible para el individuo desarrollado que es el microcosmos de la Existencia, “El Rostro dentro del Rostro”, como le llaman algunos kabalistas.

Humanidad

La humanidad es única. No se parece a ninguna otra criatura, ya que, además de poseer el libre albedrío, tiene, como se ha dicho, el poder de entrar o de estar consciente de todos los cuatro mundos. Cada ser humano proviene de un miembro u órgano particular de Adán Kadmón. Esta es una forma simbólica de decir que tiene un propósito específico. Como célula de la Divinidad y con un propósito determinado, cada individuo desciende a la Creación con el grito de “Yo soy” en el momento en que entra en el tiempo. Aquí, la entidad humana se envuelve en un espíritu. Después baja a través de los Siete Cielos y entra al reino de las Formas donde se divide y se viste como dos psiques separadas, pero complementarias, una masculina y una femenina. También son parte de un grupo de almas que tienen sus raíces en un cierto miembro, órgano o función de Adán Kadmón.

De acuerdo con el Zohar, los cónyuges y sus compañeros residen en el Edén o La Casa del Tesoro de las Almas, como le llaman, hasta que llega el momento de su encarnación. Todos dejan el Paraíso muy renuentes, y para nacer, descienden al mundo físico. Aquí comienza un largo viaje de regreso hacia la Fuente. Al principio todos viven juntos, pero más tarde se dispersan para adquirir experiencia. Cuando alcanzan el nivel de madurez individual se encuentran de nuevo y se reúnen con los demás para llevar a cabo su parte en el plan Divino, en el cual sus vidas, así como su trabajo se convertirá en el reflejo del Santo.

No es necesario decir que una vida no es suficiente para completar el entrenamiento ni la misión de cada individuo. De acuerdo a la Kabalah, el ciclo de la transmigración de las almas llamada Gilgulim o Ruedas, es necesario para completar un destino. Sin embargo, las almas gemelas a menudo tienen que separarse para aprender lecciones importantes antes de que puedan unirse como una pareja sabia y confiable que pueda llevar a cabo su función espiritual conjuntamente. Debido al libre albedrío y a los inevitables errores esta reunión se demora, ya que el karma o el Midah ke-neged Midah, “Medida por Medida”, como le llaman los kabalistas, se cumple. La búsqueda del alma gemela es parte de este proceso y cuando todo llega a su término la pareja se encuentra y se une.

El individuo descarnado, entre vidas, regresa a los mundos superiores, primero para pasar a través de un período de limpieza purgatoria de reflexión, y después a su nivel apropiado. Esto puede ser Gehenna, o el Infierno, el sitio donde los pecadores persistentes se encuentran aislados soportando la desagradable compañía de todos los demás. O puede ser lo que se llama el Paraíso Terrestre, donde el Jardín del Edén es el medio ambiente para un buen merecido descanso. Algunas almas más avanzadas pueden ascender al Paraíso Celestial donde se vive un orden de vida más refinado después de la muerte. Algunos otros, aquellos que han desarrollado su capacidad espiritual, pueden elevarse para alcanzar uno de los Siete Vestíbulos del Cielo, donde las llamadas Academias de lo Alto se encuentran presididas por eminentes maestros.

El tiempo transcurrido en los mundos superiores depende de muchos factores. En la mayoría de los casos, se trata de una generación para que así los miembros de un solo grupo de almas puedan reunirse y descender a la tierra al mismo tiempo y así continuar su desarrollo o su trabajo colectivo cumpliendo con su destino kármico. Los individuos o los grupos más avanzados, los que han aprendido a vivir en el espíritu, pueden escoger cuándo y dónde renacer para cumplir con sus misiones especiales. Estos son las grandes mujeres y los grandes hombres que hacen la historia. Del otro lado de la balanza existen personas tales como los suicidas, que se encuentran atrapados en un limbo entre los vivos y los muertos. Estos se aparecen como fantasmas o dybbuks, que tratan de resolver su problema vagando por los lugares donde murieron o apoderándose de personas susceptibles a las que tratan de poseer y así poder re-entrar en la fisicalidad sin tener que pasar por el necesario proceso del post-mortem y del prenatal. Como puede verse, existe un vasto proceso en la progresión de los seres humanos que ascienden y descienden por La Escalera de Jacob. Este panorama está descrito en El Libro de Enoch, una obra del período Hekalot, en el cual Metatrón muestra a un cierto rabino, Ishmael, una enorme cortina cósmica que cuelga del Cielo, el Pargod. Su diseño representaba la forma total de la historia, desde el principio de los Tiempos hasta el Final de los Días, hasta completar el Plan Divino. Los hilos individuales que constituyen esta tela señalan la secuencia de los hados que una persona debe vivir para poder aprender y ejecutar su destino.

Existen muchas calidades de hilos, algunos son de oro; algunos de plata; y otros de toda clase de fibras. Sin embargo, cada uno tiene su lugar en la característica del patrón, que en su momento se ajusta dentro del gran diseño de esta cortina.

Se dice que el lugar central del Pargod es la residencia del Mesías. Esta es la persona que, estando encarnada, en cada generación sostiene la posición de ser la conexión entre todos los mundos. Solamente un pequeño número de personas en la Tierra sabe quienes son los Lamed Vav, los “Treinta y Seis” justos, aunque El Grande y Santo Concilio del Cielo presidido por Metatrón lo conoce a él o a ella . El Mesías es la punta de lanza de la humanidad encarnada, seguido por la compañía de seres iluminados.

Un día el gran santo del siglo dieciocho, el Baal Shem Tov, fundador del movimiento hasídico de la Europa oriental, iba con un estudiante conduciendo su carreta. De pronto se detuvieron ante una choza frente a la cual, El Maestro del Buen Nombre” (como le llamaban), se inclinó ante un anciano caballero judío. Curioso de saber la razón por la cual su maestro se mostraba tan respetuoso, el estudiante le preguntó a medida que se alejaban, que quién era este hombre. La contestación fue, “EL Mesías”.

Sabiduría Oculta

Todos nacemos con un cuerpo. Este contiene los estados sólidos, líquidos, gaseosos y de radiación; así como vestigios de metales y minerales. También tiene un componente vegetal que puede comer, beber, crecer, propagarse, envejecer y morir. La combinación física se complementa con el alma animal, que tiene una inteligencia instintiva y la habilidad de movilizarse, socializar y expresar estados de ánimo o intercambiar información. A este conjunto de capacidades vitales se le llama Nefesh, en Kabalah. Esta es la fuerza conductora del mayor número de personas que buscan vivir confortablemente y tener una existencia social placentera. Sin embargo, hay quienes desean cultivar su humanidad y encontrar su lugar y su propósito en el universo. Después de una larga búsqueda dichos individuos eventualmente encuentran una tradición espiritual que instruirá al buscador en las labores del alma, las dinámicas del universo y su relación con el Absoluto.

La primera lección consiste en que cada individuo es una versión en miniatura de toda la Existencia. El cuerpo de un individuo, psique, espíritu y chispa corresponden al macrocosmos de los cuatro mundos. Por otro lado, estos innatos niveles son vehículos por medio de los cuales el aspirante puede realmente entrar y experimentar los reinos de Asiyyah, Yezirah, Beriah y Azilut, y así poder vislumbrar el extenso drama del cual forman parte. Paralelamente a los estudios de teoría, se encuentran las prácticas, que les darán la disciplina que les permitirá hacer frente al poderoso impacto del conocimiento directo y de la iluminación. Estos métodos se dividen dentro de los caminos de la Acción, la Devoción y de la Contemplación.

El primero son los ejercicios físicos y los rituales, el segundo se refiere a la oración o a las meditaciones del corazón, mientras que el tercero pueden ser los estudios intelectuales de la metafísica, tales como la comprensión de las Divinas Sefirot.

El grado de ejecución en todos estos caminos determinará el desarrollo del estudiante. Con el tiempo el aspirante tendrá la capacidad de distinguir entre los estímulos del cuerpo, los bajos impulsos psíquicos centrados alrededor del ego-yesódico y del elevado estado de consciencia del Ser interno, o de Tiferet, que es el pivote del Arbol psicológico. Más tarde, una concientización del alma surgirá mediante la percepción del sino como resultado de la elección y del temperamento. Después de esto, viene la evolución de la dimensión transpersonal del espíritu, que revelará al estudiante su destino o trabajo dentro del esquema Divino. A lo largo de estas fases del desarrollo habrá momentos de revelación de los reinos superiores. Puede ser que, en casos excepcionales, haya la visita de Elías para la instrucción avanzada. Esto es común, como muchos distinguidos kabalistas, a través de los siglos, han reportado o insinuado al visitante.

Muchos kabalistas hablan de tener un Maggid, o un maestro invisible. Este es a veces llamado un ángel guardián que protege a medida que instruye. Un ángel, como ya se ha dicho, es un mensajero. Estos seres particulares, sin embargo, son humanos desencarnados que actúan como tutores del místico. Algunos son santos o sabios que fallecieron hace mucho, otros de calibre inferior, dependiendo de la etapa en que se encuentra el kabalista. Dichas entidades generalmente intervienen en las vidas de la gente buena y especialmente en la de los niños si éstos se encuentran en peligro. Pueden o no ser vistos, pero su presencia, no terrenal, usualmente se siente durante o después de una intervención milagrosa.

El efecto acumulativo de generaciones de místicos de cada tradición lentamente incrementa la conciencia de la humanidad acerca del universo y de Dios. Cada línea esotérica tiene sus propios métodos, códigos y metafísicas que traen consigo primero, una iluminación individual, y después una evolución masiva de almas. Cuando esto ocurra, el Mesías se le aparecerá a todos y comenzarán los Días de la Resurrección. Esto significa el levantamiento de los diligentes y los muertos o de los que están espiritualmente despiertos y los dormidos, para la última fase de la Existencia a medida que la humanidad se concientiza de todos los mundos.

En esa señal la gente será juzgada de acuerdo a su actuación total a medida que retornan a su origen. En la medida en que cada individuo ascienda y se fusione con su grupo, dentro de su lugar en el Adán Kadmón, así esta Divina imagen incrementará su realización con aquel a quien refleja. Cuando todas las chispas humanas se hayan reunido con el Ser Ultimo, “Yo Soy Quien Soy”, se volverá Uno, a medida que El Rostro se fusiona con El Rostro. En ese momento de conclusión, la Existencia no será más que un destello en el ojo del Anciano de los Ancianos. El Santo se encontrará solo de nuevo, quizá antes del comienzo de un nuevo Shemittah, o Gran Ciclo Cósmico.

© Z’ev ben Shimon Halevi